A menudo mis pies corren veloces
al encuentro del fuego que amenaza
con quemar las arterias y los ojos
y las mágicas llaves prodigiosas.
Corro como si yo fuera a apagarlo,
cuando sé de sobra que el destino
es que ardamos los dos sin más remedio
en el fuego que, alegre, nos incita.
La eternidad se oculta entre las llamas.
Isabel A.M.Miralles

